Volver, es reconocer que he parado
Como sabéis algunas, con onedayoga nació mi primera hija, y dos años después, mi segundo hijo. Estos cuatro años han sido un tira y afloja constante entre la Teresa que quería ser una madre modelo y la Teresa que quería sacar adelante su proyecto.

Y la verdad es que no he sido ni la una ni la otra, o por lo menos no de la forma en que lo había idealizado.
Mi papel como madre ha pasado por muchas facetas: la que no sabe ni lo que hace, la que sobreprotege, la descuidada, la que cede, la que abraza, la que regaña, la que está agotada. Me he sentido mala madre en muchos momentos, y muy buena en otros.
Al mismo tiempo, una voz que viene de vidas anteriores y del contexto actual no dejaba de decirme: ser mamá no es suficiente, tienes que ser independiente, ganar dinero, tener éxito, llevar tu yoga lejos. Y la verdad es que tampoco he sido perfecta en eso.
Me subí al mat muchas veces, y otras tantas no lo hice.
Me sinceré con vosotras, y también me quedé en silencio. Subí clases con constancia, y en algún momento también dejé de hacerlo. Siento que no supe estar del todo en un sitio ni en el otro — cosa queme suena bastante a Teresa.
Así he vivido estos años: exigiéndome una perfección que nunca supe dónde estaba, trabajando con angustia, siendo madre con culpa, intentando estar en todo y perdiéndome a mí misma muchas veces...Hasta que entendí algo importante: no sirvo para estar en dos sitios a la vez. Porque pongo tanto de mí en cada proyecto que hago, que sentir que lo estoy haciendo de forma mecánica me saca por completo de mi. Y aunque haya sufrimiento en las elecciones, culpa y muchas dudas, en la base hay un gozo enorme al sentir que lo que hago, lo hago con el corazón.
Y hablando de elegir, a este último año de proyecto familiar, se sumó una casa para reformar desde cero, y una boda en la que diseñé cada detalle. Y ahí sí, tuve que decidir dónde poner el foco.
Hace dos semanas que fue la boda. La casa se terminó en julio. Y mis hijos, aunque aún me necesitan mucho, ya tienen sus propios ritmos en el colegio.
Por eso, siento que ahora mi foco sí puede volver a onedayoga
y, como me gusta hacer las cosas, con todo el corazón puesto en ello.
Claro que siendo yo como soy, esta nueva fase no podría venir de forma suave. Trae miedo, incertidumbre, y muchas preguntas que intentan pararme los pies: ¿para qué haces esto? ¿qué sentido tiene? ¿serás buena?
Pero después, recuerdo todo lo que el yoga me ha enseñado y todo lo que nos ha unido el mat en estos últimos años. Y casualidad o no, mi hermano me lo quiso recordar en el día de mi boda en este fragmento de su discurso:
"Unos años después, me dice que va a dejar el trabajo para hacerse profesora de yoga. Y le dije, como buen hermano: “A ver Teresa, eso no es un trabajo, eso es un hobby de hippies”. Pero la realidad es que a día de hoy, le ha transformado la vida a miles de chicas que la siguen, y que le confiesan, que gracias a ella confían más en sí mismas y son más felices".
Gracias por leerme y por seguir aquí, ahora si, nos vemos muy pronto en el mat.





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