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Saber pedir ayuda

23 sept
2 min de lectura

El otro día, cuando escribía la segunda carta, os hablaba de espacios seguros, de tener aquí un lugar en el que poder ser y expresarnos con todo lo que somos. Según lo escribía, no paraba de pensar en esto: "Podemos tener espacios seguros, pero muchas veces no sabemos cómo utilizarlos".



Os decía: "Aquí podéis escribirme y expresar todo lo que necesitéis, aunque parezca ínfimo". Y con todo mi cuerpo lo reafirmo.


Pero luego pensaba: ¿cómo dices esto, si tú eres la primera que no sabe pedir ayuda?

Y así es, este puede ser uno de mis "secretos" mejor guardados, un secreto que lo era hasta para mí.


Durante mucho tiempo no entendía algunos de mis comportamientos:

me mostraba entera cuando estaba rota, independiente cuando solo quería un abrazo, serena cuando tenía un huracán por dentro. No sabía cómo levantar la mano y pedir que alguien tirase de ella, porque eso quería decir que era débil e incapaz, o eso creía.


Esto es algo que probablemente aprendí de pequeña. Quizás en los momentos en que quise pedir ayuda, esa mano no estaba disponible. Entonces aprendí que era mejor callar que vivir el dolor del rechazo.


Esta idea, sin yo saberlo, se quedó grabada. Y ese miedo me hizo moverme por la vida sosteniéndome solo sobre mi propio cuerpo, y esto me ha cansado mucho.

Me hacía gracia lo hipócrita que estaba siendo abriendo un espacio que yo no sabría utilizar.

La verdad es que ese espacio está y estará siempre abierto, porque no hay cosa que sienta más valiente que pedir ayuda, esa que yo no he tenido. Quizás por eso os estoy pidiendo a vosotras que sí lo hagáis. Bien porque os sienta más valientes de lo que yo he sido hasta ahora, o quizás para que me enseñéis cómo hacerlo.


Por tanto, yo te tiendo mi mano, pero no puedo ayudarte a saber cómo cogerla.

Tan solo te muestro aquí, en este baile de palabras, una parte más de mí, profunda e íntima. Para, una vez más, poner sobre la mesa realidades humanas, personas imperfectas que anhelan ser mejores. Procesos naturales que surgen en cada una.


Solo te puedo decir que mi mano está para quien la quiera coger, y espero poder coger yo una algún día.


Gracias por leerme y por permitir este espacio de honestidad.

Porque a veces no sabemos con quién compartir, y solo el hecho de saber que hay alguien que nos puede escuchar sin juzgar, para mí es un auténtico regalo.

 
 
 

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© 2022 by Teresa Llorens

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