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In-madurez

23 sept
1 min de lectura

Siempre fui algo inestable, sentía que la vida me venía grande.



Observaba las situaciones de forma ajena, integrándolas en mis células pero sin involucrarme en ellas. Vivía mucho por dentro y no tanto por fuera.


Las palabras bailaban en mi cabeza ocupando espacio sin encontrarlo. Como si ese ruido solo intentase parar mi iniciativa para congelarme y no dejarme arriesgar. Para creer antes en su significado que en la evidencia de lo que sí había pasado.


Vivía en mi pequeño gran mundo, lleno de límites y barreras que con mucho esfuerzo me convencía de poner en manos ajenas.


Siempre viví así.

Ahora, con el paso del tiempo y, supongo, la llegada de alguna madurez consecuencia de esto primero, consigo dar lugar a muchos pensamientos y verlos sin que me cieguen, pero no siempre es así. En muchas ocasiones sigo sintiendo la misma inestabilidad de siempre, a veces me da rabia, otras hasta me hace gracia.


También pienso que no debería estar ahí por mi edad y supuesta madurez, pero me doy cuenta de que si es así, es porque puede serlo, y si está pasando, mejor verlo y ponerlo en palabras, aunque mañana estas me parezcan una absoluta tontería.

 
 
 

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© 2022 by Teresa Llorens

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